Frecuentemente a los farmacéuticos,
las mujeres afectadas y preocupadas
por la celulitis, nos han preguntado
respecto a la eficacia de los productos
anticelulíticos que pueden encontrar,
no sólo en la farmacia sino también
de los que se venden en otros canales
de distribución. Desde mi punto
de vista, y supongo que es un punto
de vista muy general, debiéramos decir
que habrá de todo, desde productos
formulados, teniendo en cuenta
el origen y la evolución del problema
y aplicando conocimientos fisiológicos
y farmacológicos para obtener
un resultado clínicamente probado,
hasta aquellos productos oportunistas
que han sido lanzados al mercado
con la esperanza/convicción de
que con una buena estrategia publicitaria,
sin preocuparse de la eficacia,
se pueden obtener interesantes beneficios
a corto plazo. En consecuencia,
si nos movemos con criterios de eficacia,
en base a lo comentado en cuanto
a la fisiopatología de la celulitis, se
deduce que un tratamiento anticelulítico,
sea cosmético o farmacológico,
debe perseguir dos objetivos:
• actuar a nivel adipocitario impidiendo
el acúmulo de grasa en los adipocitos,
generalmente siendo un estimulante
efectivo de la lipolisis. Este
último año diversos productos postulan,
además, un actividad inhibidora
de la síntesis adipocitaria de triglicéridos,
sin embargo, curiosamente
el tejido adiposo se comporta de un
modo opuesto al del hígado, resultando
un tejido claramente liposintético
en el que fácilmente se puede estimular
la liposíntesis (por ejemplo como
consecuencia de la acción fisiológica
de la insulina) pero dificilmente se puede
frenar este proceso4, resultando
mucho más efectivo la estimulación
de la lipolisis vía proteincinasa dependiente
de c-AMP.
• mejorar la problemática vascular del
tejido celulítico, reforzando la pared
vascular, disminuyendo la permeabilidad
vascular, evitando la formación
de edemas y, en consecuencia, favoreciendo
la reabsorción de los trasudados
formados en el tejido conjuntivo
y la eliminación de catabolitos.
Una actividad adicional, y no por ello
menos importante, es la mejora de
la apariencia física de la piel en las
zonas celulíticas, regenerando la piel,
tanto en cuanto a su aspecto y tacto
como a su estado fisiológico. Además,
esta actividad mejora la fidelidad de
la consumidora al producto, evitando
que deje de utilizarlo antes de que
tenga tiempo de ejercer su efecto lipolítico
y de mejora de la microcirculación
sanguínea dermo-hipodérmica.
La mayoría de los anticelulíticos que
existen en el mercado farmacéutico
persiguen estos objetivos y para ello
muchos de ellos incluyen en su formulación,
como estimulantes de la
lipolisis, derivados xánticos como la
cafeína, la teofilina o la aminofilina,
a concentraciones relativamente elevadas.
Hay que tener en cuenta, sin
embargo, que la utilización de elevadas
concentraciones de cafeína por
vía tópica no está exenta de riesgos,
ya que la cafeína penetra muy fácilmente
a través de la piel, de modo
que llega sin ninguna limitación al tejido
adiposo hipodérmico. Este hecho
permite, por una parte, la actividad
lipolítica local, pero, por otra, si se
incorpora a concentraciones excesivas,
puede pasar a la circulación general.
Teniendo en cuenta que hay
productos tópicos en el mercado que
contienen hasta un 7% de cafeína,
la aplicación diaria de sólo 10 gramos
de alguno de estos productos supone
la administración de 700 mg de cafeína
lo que equivale a la cantidad ingerida
con diez o doce tazas de café, lo cual
puede justificar que algunas consumidoras
manifiesten sensaciones de
nerviosismo, inquietud, insomnio...,
mientras utilizan el producto. Hay que
tener en cuenta, además, el caso particular
del embarazo y la lactancia.
En el primero, la vida media de la cafeína
en sangre se multiplica por dos
durante los últimos meses del embarazo
por lo que además de afectar
a la madre, dado que la cafeína atraviesa
libremente la barrera placentaria,
afecta al niño. En cuanto a la lactancia,
la cafeína pasa a la leche materna
con lo que puede producir problemas
de sueños y agitación en el bebé. Ello
hay que tenerlo en cuenta al plantearse
la recomendación de un anticelulítico
con elevadas concentraciones de cafeína
en estas circunstancias.
Por otra parte, niveles elevados de
metil xantinas en sangre ocasionan
un aumento de las concentraciones
de insulina circulante, lo cual va a producir
un incremento de la lipogénesis
en tejido adiposo5, efecto totalmente
opuesto al que se pretende en un tratamiento
anticelulítico.
Por estas razones, parece que no por
aumentar la concentración de derivados
xánticos se van a obtener mejores
resultados y que, además, en los envases
de los cosméticos que contienen
cafeína u otros derivados xánticos se
debería, no sólo avisar de su contenido
sino hacer mención de los casos
en los que es más importante evitar
la ingesta de cafeína, como durante
el embarazo, la lactancia o en patologías
en que se es especialmente
sensible a ella. Recuérdese que la
legislación cosmética obliga a poner
en conocimiento previo de los consumidores
“los riesgos que previsiblemente
pudieran derivarse de la normal
utilización de los productos cosméticos,
habida cuenta de su naturaleza
y de las personas a las que van destinados”
6.
Como alternativa o complemento a
las metilxantinas, se pueden utilizar
otras sustancias con actividad lipolítica
y que son utilizables en cosmética.
El piruvato actúa a nivel de la proteína
quinasa y se ha demostrado que el
manuronato de monometiltrisilanol
produce una activación de la lipólisis,
aunque por el momento se desconoce
a qué nivel actúa. La quercetina representa
la última novedad en la inducción
de la lipólisis adipocitaria.
El piruvato sódico es un alfa-ceto-ácido
que se transforma en lactato (un
alfa-hidroxi-ácido) en la piel y que tiene
una actividad favorecedora neta
de la lipólisis. Así, experiencias in vitro
demuestran que, en presencia de
piruvato, la producción de glicerol se
incrementa hasta 20 veces en relación
a los valores basales.
Respecto al manuronato de monometiltrisilanol,
Levrat8 describió que
presenta una actividad lipolítica en
el tejido adiposo subcutáneo. Más
recientemente Daveau ha confirmado
está actividad lipolítica tanto in vitro
como in vivo. Además, se ha descrito
que aumenta la permeabilidad del tejido
conjuntivo, reduciendo la fibrosis
intercelular y facilitando la penetración
del resto de principios activos.
La quercetina es un bioflavonoide ampliamente
distribuido en el mundo vegetal
habiéndose identificado en multitud
de plantas. El eterósido flavónico
es la quercitrina de la que deriva
la quercetina que es el bioflavonoide.
La quercetina tiene un efecto lipolítico
y potencia la lipolisis inducida por
la epinefrina en tejido adiposo. Es
un potente inhibidor de la fosfodiesterasa
con una EC50 de 32 μM11.
Sin embargo, hay que puntualizar que,
aunque la celulitis es un problema
local, está fuertemente influenciado
por la situación sistémica y que si
no se equilibra la ingesta calórica con
el gasto energético, el acúmulo energético
resultante se va a transformar
ineludiblemente en triglicéridos dentro
de los adipocitos, de modo que debemos
de tener siempre presente el primer
principio de la termodinámica,
puesto que si no nos esforzamos en
aumentar el gasto calórico respecto
a su ingesta, lo único que conseguiremos
con cualquier tratamiento anticelulítico
será movilizar triglicéridos
que, tarde o temprano, volverán a
depositarse en el tejido adiposo. No
hay que olvidar que el tejido adiposo
es esencialmente liposintético.
Desde el punto de vista de mejorar
la microcirculación dermo-hipodérmica
la utilización de rutósidos, como
la diosmina, va a proteger la pared
de los vasos contribuyendo a la acción
frente al problema vascular que
se da en un proceso celulítico. Tienen
el inconveniente de que son fuertemente
coloreados de amarillo, por lo
que su incorporación directa en productos
anticelulíticos es problemática,
aunque sólo sea por razones estéticas.
Existen extractos de plantas que contienen
rutósidos como los de hojas
de hiedra o de Fagopirum esculentum.
La utilización de escina, contenida en
diversos extractos vegetales como el
de castaño de indias, se debe a la
actividad antiedematosa de esta saponina,
derivada de la disminución de
la permeabilidad capilar que produce.
El extracto fluido de Melilotus officinalis
es rico en cumarina, principio
activo antiedematoso, que favorece
la reabsorción de los trasudados formados
en el tejido conjuntivo. La cumarina
complementa los efectos de
la escina, comentada más arriba. Si
recordamos que el edema localizado,
secundario a la fragilidad capilar, es
uno de los componentes principales
de la celulitis, es evidente que una
acción antiedematosa redundará en
una mejoría del proceso, disminuyendo
el depósito de catabolitos y mejorando
la circulación de retorno. En este sentido,
a la escina se le ha reconocido
un papel anticelulítico específico.
El extracto de Ginkgo biloba posee
propiedades anti-radicalares12 y frena
la puesta en marcha de reacciones de
lipoperoxidación, contribuyendo así
a normalizar el equilibrio fisiológico
en el entorno de los vasos lesionados.
Posee, además, propiedades vasodilatadoras
que mejoran la circulación
sanguínea y, en consecuencia, facilitarán,
tanto la eliminación de los productos
de la lipolisis inducida en el
tejido adiposo, como los productos
de desecho acumulados.
También se emplean las ruscogeninas,
provenientes del Ruscus acculeatus,
por su actividad como venotónicos,
vasoprotectores y antiedematosos.
Respecto a la actividad para mejorar
el aspecto externo de la piel es útil
la actividad de alfahidroxiácidos, como
el cítrico o el láctico, o alfa-cetoácidos,
como el piruvato, a bajas concentraciones,
por su acción sobre los procesos
proliferativos y diferenciadores
epidérmicos. El caso del piruvato es
doblemente útil por su actividad lipolítica
ya mencionada, aunque presenta
dificultades galénicas considerables.
La aplicación de estos conceptos,
ensayados clínicamente para demostrar
la eficacia del producto final,
deben conducir a la satisfacción de
la mujer que lo utilice por los resultados
obtenidos, con el consiguiente
aumento de la fidelización al producto,
a la marca y al farmacéutico que activamente
lo ha recomendado.
martes, 3 de julio de 2007
Celulitis y anticelulíticos
La celulitis es una de las alteraciones
estéticas que más preocupan a la
mujer y cuyo tratamiento más frustración
y desencanto ocasionan.
Las causas de estas sensaciones
son variadas, desde unas expectativas
demasiado elevadas, fruto
de la obsesión por una estética televisiva
en muchas ocasiones irreal,
hasta los pobres resultados obtenidos
con diversos tratamientos ensayados,
ya sean farmacológicos,
físicos o cosméticos, debido a lo
inadecuado de un tratamiento en
concreto, a la falta de constancia
en la aplicación del mismo o a la
falta de paciencia en la obtención
de los resultados. En este artículo
queremos repasar las características
de la celulitis, los objetivos
de un tratamiento anticelulítico y
las posibilidades cosméticas de
conseguir un producto eficaz, si
se aplica adecuadamente durante
el tiempo necesario para observar
resultados.
La celulitis es una alteración de la estructura
del tejido adiposo hipodérmico
que se da únicamente en la mujer,
por lo que se localiza en una disposición
ginoide, es decir, esencialmente
en la parte inferior del cuerpo, por
debajo del ombligo (región pelviana,
nalgas, muslos).
El término celulitis se ha generalizado
para definir toda una serie de alteraciones
del tejido adiposo hipodérmico,
especialmente el depósito de grasa
subcutánea en determinadas zonas
del organismo, como la parte baja
de las nalgas, la zona superior de los
muslos y en la cara interna de las rodillas.
En general podemos agrupar
estos transtornos conjuntivos en dos
grandes grupos: los que afectan principalmente
al depósito lipídico adipocitario
y los que inciden esencialmente
sobre la microcirculación y el
espacio perivascular1.
En unos casos predomina el componente
lipídico, con un aumento anormal
de grasa y un aumento del número
y tamaño de los adipocitos. Puesto
que en muchas ocasiones este acúmulo
adiposo no acompaña a un estado
de obesidad generalizada, se habla
de lipodistrofia segmentaria o localizada.
En otros casos predomina o coexiste
el componente vascular e intersticial,
con una notable fragilidad capilar, edema
de tipo trasudado, fibrosis local
y acúmulo de catabolitos por dificultad
en la circulación de retorno. Se
habla entonces de linfedema regional,
de histoangiopatía y de paniculopatía
edemato-fibro-esclerótica. La mayor
o menor incidencia de ambos procesos
determina los distintos tipos de
celulitis.
Todo ello nos lleva a tener que distinguir
claramente entre celulitis y una
adiposidad localizada. La celulitis se
presenta sólo en el sexo femenino,
de tal modo que algunos autores cifran
su incidencia en alrededor de un
90% de las mujeres2, mientras otros
consideran que todas desarrollan celulitis
en un momento u otro de su
vida. De tal modo que, en ocasiones,
la celulitis se encuentra disimulada
por un estado general de sobrepeso
y se pone de manifiesto al normalizarlo.
La adiposidad localizada se presenta
tanto en el hombre como en
la mujer, sin embargo su distribución
local varía según el sexo, lógicamente
de un modo paralelo a la diferente
distribución del tejido adiposo en hombres
y en mujeres.
estéticas que más preocupan a la
mujer y cuyo tratamiento más frustración
y desencanto ocasionan.
Las causas de estas sensaciones
son variadas, desde unas expectativas
demasiado elevadas, fruto
de la obsesión por una estética televisiva
en muchas ocasiones irreal,
hasta los pobres resultados obtenidos
con diversos tratamientos ensayados,
ya sean farmacológicos,
físicos o cosméticos, debido a lo
inadecuado de un tratamiento en
concreto, a la falta de constancia
en la aplicación del mismo o a la
falta de paciencia en la obtención
de los resultados. En este artículo
queremos repasar las características
de la celulitis, los objetivos
de un tratamiento anticelulítico y
las posibilidades cosméticas de
conseguir un producto eficaz, si
se aplica adecuadamente durante
el tiempo necesario para observar
resultados.
La celulitis es una alteración de la estructura
del tejido adiposo hipodérmico
que se da únicamente en la mujer,
por lo que se localiza en una disposición
ginoide, es decir, esencialmente
en la parte inferior del cuerpo, por
debajo del ombligo (región pelviana,
nalgas, muslos).
El término celulitis se ha generalizado
para definir toda una serie de alteraciones
del tejido adiposo hipodérmico,
especialmente el depósito de grasa
subcutánea en determinadas zonas
del organismo, como la parte baja
de las nalgas, la zona superior de los
muslos y en la cara interna de las rodillas.
En general podemos agrupar
estos transtornos conjuntivos en dos
grandes grupos: los que afectan principalmente
al depósito lipídico adipocitario
y los que inciden esencialmente
sobre la microcirculación y el
espacio perivascular1.
En unos casos predomina el componente
lipídico, con un aumento anormal
de grasa y un aumento del número
y tamaño de los adipocitos. Puesto
que en muchas ocasiones este acúmulo
adiposo no acompaña a un estado
de obesidad generalizada, se habla
de lipodistrofia segmentaria o localizada.
En otros casos predomina o coexiste
el componente vascular e intersticial,
con una notable fragilidad capilar, edema
de tipo trasudado, fibrosis local
y acúmulo de catabolitos por dificultad
en la circulación de retorno. Se
habla entonces de linfedema regional,
de histoangiopatía y de paniculopatía
edemato-fibro-esclerótica. La mayor
o menor incidencia de ambos procesos
determina los distintos tipos de
celulitis.
Todo ello nos lleva a tener que distinguir
claramente entre celulitis y una
adiposidad localizada. La celulitis se
presenta sólo en el sexo femenino,
de tal modo que algunos autores cifran
su incidencia en alrededor de un
90% de las mujeres2, mientras otros
consideran que todas desarrollan celulitis
en un momento u otro de su
vida. De tal modo que, en ocasiones,
la celulitis se encuentra disimulada
por un estado general de sobrepeso
y se pone de manifiesto al normalizarlo.
La adiposidad localizada se presenta
tanto en el hombre como en
la mujer, sin embargo su distribución
local varía según el sexo, lógicamente
de un modo paralelo a la diferente
distribución del tejido adiposo en hombres
y en mujeres.
¿Cómo se puede prevenir la celulitis?
• Utilize equipo protector sobre la piel cuando desarrolle actividades
deportivas, o trabajos que puedan ocasionar lesiones.
• Mantenga la piel limpia, suave y seca. Utilize un jabón suave (como
Dove) y utilize agentes humectantes.
• Personas con diabetes o enfermedades vasculares periféricas deben
examinarse diariamente las piernas y los pies.
• Observe cuidadosamente cualquier herida en la piel que no sane
apropiadamente.
• Reporte todos los síntomas de la celulitis a su médico.
deportivas, o trabajos que puedan ocasionar lesiones.
• Mantenga la piel limpia, suave y seca. Utilize un jabón suave (como
Dove) y utilize agentes humectantes.
• Personas con diabetes o enfermedades vasculares periféricas deben
examinarse diariamente las piernas y los pies.
• Observe cuidadosamente cualquier herida en la piel que no sane
apropiadamente.
• Reporte todos los síntomas de la celulitis a su médico.
¿Cómo se trata la celulitis?
La celulitis se trata con antibióticos, los cuales se prescriben con el
propósito de eliminar la infección. Es importante que termine los
antibióticos de la manera en que fueron prescritos, aún cuando los
síntomas hayan desaparecido rápidamente. Si no se trata, la celulitis
puede ser una condición que amenaza la vida. Se pueden prescribir
analgésicos para el control del dolor. La severidad de la celulitis puede
determinar el que se requiera hospitalización o el tratamiento se haga de
manera ambulatoria. Las siguientes pueden ser recomendaciones para
tratar la celulitis:
• Elevación de las extremidades para disminuir la inflamación
• Mantener la piel seca y limpia
• Cambios en la manera de vestir, si son indicados por el médico
propósito de eliminar la infección. Es importante que termine los
antibióticos de la manera en que fueron prescritos, aún cuando los
síntomas hayan desaparecido rápidamente. Si no se trata, la celulitis
puede ser una condición que amenaza la vida. Se pueden prescribir
analgésicos para el control del dolor. La severidad de la celulitis puede
determinar el que se requiera hospitalización o el tratamiento se haga de
manera ambulatoria. Las siguientes pueden ser recomendaciones para
tratar la celulitis:
• Elevación de las extremidades para disminuir la inflamación
• Mantener la piel seca y limpia
• Cambios en la manera de vestir, si son indicados por el médico
¿Qué origina la celulitis y quién se encuentra en riesgo de
La piel normalmente tiene diferente tipo de bacterias en ella. Una piel sin
laceraciones previene que las bacterias penetren y crezcan dentro del
cuerpo. La celulitis puede ocurrir cuando hay una laceración o herida en la
piel, lo cual origina que la piel pierda su barrera protectora y se infecte.
Esta infección puede originar una inflamación o reacción de los tejidos.
Estas son algunas de las actividades que pueden colocar a una persona
en riesgo de adquirir celulitis:
• Un sistema inmunológico deprimido debido a una enfermedad, o por
el consumo de medicamentos como la cortisona.
• Enfermedades crónicas como la diabetes o enfermedades
vasculares periféricas.
• Cualquier lesión que rompa la piel, o que origine una herida
incluyendo una herida quirúrgica, picaduras o mordeduras de
insectos, quemaduras o úlceras en la piel.
• Uso de drogas intravenosas.
laceraciones previene que las bacterias penetren y crezcan dentro del
cuerpo. La celulitis puede ocurrir cuando hay una laceración o herida en la
piel, lo cual origina que la piel pierda su barrera protectora y se infecte.
Esta infección puede originar una inflamación o reacción de los tejidos.
Estas son algunas de las actividades que pueden colocar a una persona
en riesgo de adquirir celulitis:
• Un sistema inmunológico deprimido debido a una enfermedad, o por
el consumo de medicamentos como la cortisona.
• Enfermedades crónicas como la diabetes o enfermedades
vasculares periféricas.
• Cualquier lesión que rompa la piel, o que origine una herida
incluyendo una herida quirúrgica, picaduras o mordeduras de
insectos, quemaduras o úlceras en la piel.
• Uso de drogas intravenosas.
¿Cómo puedo saber si tengo celulitis?
La celulitis puede comenzar en una parte pequeña y crecer de manera
rápida en el primer día. Algunos signos y síntomas pueden ser:
• Dolor, sensibilidad, inflamación, calentamiento y enrojecimiento de la
piel.
• Fiebre (puede estar acompañada de escalofrío y sudoración)
• Un malestar general o sensación de estar enfermo(a)
• Inflamación de las glándulas linfáticas cercanas a la infección
rápida en el primer día. Algunos signos y síntomas pueden ser:
• Dolor, sensibilidad, inflamación, calentamiento y enrojecimiento de la
piel.
• Fiebre (puede estar acompañada de escalofrío y sudoración)
• Un malestar general o sensación de estar enfermo(a)
• Inflamación de las glándulas linfáticas cercanas a la infección
¿Qué es la Celulitis?
La celulitis es una inflamación, no contagiosa, de la piel y el tejido debajo
de ella, como resultado de una infección bacterial. Aunque la celulitis se
presenta más comúnmente en la cara y la parte baja de las piernas,
cualquier otra área del cuerpo puede ser afectada.
de ella, como resultado de una infección bacterial. Aunque la celulitis se
presenta más comúnmente en la cara y la parte baja de las piernas,
cualquier otra área del cuerpo puede ser afectada.
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